LAS LENGUAS CLÁSICAS EN EL APRENDIZAJE DE LAS LENGUAS MODERNAS
 

                    

              

                  JAVIER FIGUEIREDO CAPUZ   

 

 

 

Sumario

Editorial

Marcial y las clases estivales

Poesía varia

Amor es Roma al revés

¿Qué tenemos que decir?

Reseña de Juego de Azar

Hanif kureishi

No cabe duda de que el debate sobre la utilidad o necesidad del aprendizaje de las lenguas clásicas se sigue suscitando en innumerables ocasiones. También podemos apreciar cómo esa discusión es normalmente alentada por quienes, desconociendo el más rudimentario de los mecanismos del latín o el griego, se atreven a hacer una calificación utilitarista del conocimiento.

 En cualquier caso, es indiscutible que los conocimientos de la lengua latina facilitan el aprendizaje de cualquier otra lengua de origen latino. Así, los plurales italianos en –i (bambino / bambini) en nada extrañarán a quien conozca la segunda declinación latina.  La palabra francesa faim, la italiana fame o la portuguesa fome tal vez puedan sonarle a chino a quien ignore la lengua de Cicerón, pero cualquier persona con algo de conocimientos de latín será capaz de inferir que la -f inicial de muchas palabras latinas evolucionó a una -h en castellano pero permaneció en otras lenguas romances. Farine, farina o farinha corresponden a la palabra harina como faire, fare o fazer corresponden a nuestro verbo hacer.

 Cuando el acercamiento a una lengua moderna empieza a profundizar en elementos morfosintácticos la ayuda del latín se hace más determinante: Al explicar la formación del superlativo en portugués a hispanohablantes nos topamos con un pequeño escollo que trae de cabeza a quienes se interesan por la lengua de Camőes: En primer lugar hay que señalar la presencia del grupo -ss- en las formas sintéticas del tipo alto / altíssimo o cansado / cansadísimo. Pero aún más curioso resulta la explicación de los superlativos de fácil e difícil: a casi todos los castellanohablantes les parece “dificilísimo” que estos adjetivos formen sus superlativos con facílimo y dificílimo, algo que quienes mantienen en su subconsciente algún conocimiento de latín encuentran del todo lógico e incluso facillimus.

 Es cierto que en el aprendizaje de lenguas romances la omnipresencia del latín es más que lógica y patente. Pero también hay que tener en cuenta que lenguas germánicas como el alemán o el inglés tampoco han escapado a la gran influencia que las lenguas clásicas han impregnado a la cultura europea. Tal vez por esta razón la lengua inglesa posee un altísimo porcentaje de palabras de origen latino. Además estas palabras suelen tener, en algunos casos, otra palabra de origen sajón de significado idéntico o similar y resulta curioso ver que la palabra de origen latino sea el término culto frente a la palabra de origen sajón que suele ser la más vulgar. Cabe resaltar que un texto inglés de alto nivel puede estar plagado de palabras de origen latino que lo hacen ininteligible para cualquier lector de The Sun[1] pero que puede ser fácilmente asimilable por quien tiene en su bagaje algo del vocabulario latino.

 En inglés hay una serie de plurales un tanto especiales (crisis/crises, bacterium/bacteria, phenomenon/phenomena, diagnosis/diagnoses) cuya irregularidad aparente se convierte en forma lógica para quienes conocen algo de las lenguas clásicas.

 El aprendizaje de una lengua como el alemán está lleno de dificultades para un hispanohablante desde el primer día: La aparición de un género neutro descoloca a quienes jamás conocieron nada de una lengua clásica. Cuando posteriormente se tenga que explicar que las palabras que acaban en –um suelen ser de género neutro y las que acaban en –us de género masculino, quienes recuerden la flexión latina tendrán algo menos para memorizar.

 Pero tal vez sea la declinación alemana el punto del aprendizaje de lenguas modernas en el que los conocimientos clásicos pueden llegar a ser determinantes: No hay profesor o profesora de alemán que no tenga que dedicar varias de sus clases a trasmitir un concepto tan sencillo para quienes conocen algo de lenguas clásicas como el hecho de que la preposición in junto al caso Akkusativ indica lugar “a”, y que la preposición in junto al caso Dativ indica lugar “en”.

 Podríamos sacar muchos más ejemplos para mostrar y demostrar que las lenguas clásicas no sólo tienen razón de ser por sí mismas sino que constituyen un sustrato visible y útil a la hora de aprender cualquier otra lengua moderna independientemente de su origen.

   


[1] Periódico popular y sensacionalista británico