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HVMANISTAS EXTREMEÑOS>P. de Valencia>Biografía
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PEDRO DE VALENCIA (1555-1620) Pedro de Valencia nació en Zafra el 17 de noviembre de 1555, hijo de Melchor de Valencia, natural de Córdoba, y de Ana Vázquez, de Segura de León (Badajoz). Comenzó sus estudios de latinidad en la escuela de Zafra, donde fue su maestro Antonio Márquez, pariente suyo y buen poeta latino. Hacia 1568 la familia se trasladó a Córdoba, y allí prosiguió Valencia sus estudios de Artes en el Colegio de la Compañía de Jesús. Durante este período cordobés recibió clases de Francisco Gómez, que con toda seguridad le infundiría interés y afición por los estudios bíblicos. Aunque su gusto se inclinaba por la Teología, sus padres lo enviaron a Salamanca a estudiar Leyes, donde aparece matriculado en 1573, y donde permaneció probablemente hasta 1576. Enseguida destacó por su preparación en teología y en humanidades clásicas. Al decir de la nota biográfica comentada, habiendo llegado a sus manos una edición de los poetas épicos griegos, pidió al Brocense que le enseñara bien esta lengua. Por entonces compró también la traducción de los Salmos en versos latinos de Arias Montano, al que enseguida empezó a admirar. Tras graduarse en Leyes, y habiendo muerto entretanto su padre, vuelve a Zafra, donde, sin olvidar las leyes, su actividad principal será la lectura de libros clásicos, latinos y griegos. Durante este período se hizo con un ejemplar de la Biblia Regia, e hizo que fuera mayor su admiración por Arias Montano. Sebastián Pérez, amigo común, le facilitó a Valencia el contacto con Montano, con quien estuvo en la Peña entre 1578 y 1579, aprendiendo Sagrada Escritura y hebreo. En 1587 casó su prima hermana Inés
de Ballesteros, con dispensa de Roma que le consiguió directamente Arias
Montano. Tuvo varios hijos[2]. La nota
biográfica, tras referirse a sus hijos, hace una relación de sus mejores
amigos[3] y termina
diciendo: “vivió 64 años, con muy buena salud, hasta un año antes de morir,
que se fue enflaqueciendo y melancolizando de manera que pasaba con desconsuelo
y desaliento, que fue creciendo has que murió”. Entre 1590 y 1607, probablemente imparte enseñanzas de griego y otras materias en la escuela ducal de Zafra, ayuda a Montano en algunas de sus obras, le sirve de amanuense, prologa o se encarga de la publicación de algunos de sus libros, y publica él mismo su Academica sive de iudicio erga verum ex ipsis primis fontibus (Amberes, 1596), única de sus obras editada en vida. Tras la muerte de Montano (1598), Pedro de Valencia se constituye en su albacea literario, y continúa componiendo diversos escritos sociales, políticos y económicos. En 1607 es nombrado Cronista Real, cargo que supondrá un desahogo económico para su maltrecha hacienda, pero que le cargará con graves obligaciones: censuras de libros, elaboración de una historia de Felipe III, Relaciones de Indias... Por otra parte, al final de su vida, Valencia se vio implicado en una serie de polémicas y conflictos: defensa de la ortodoxia de su maestro Montano, firme oposición a los partidarios de la autenticidad del pergamino y láminas de Granada[4], informe sobre los excesos cometidos en el auto de fe de Logroño (1610), en relación con la represión de la brujería[5]. El 25 de marzo de 1620 otorgó testamento[6], y murió en Madrid el 10 de abril de 1620. [1] Sobre este autor se han emitido diversas hipótesis. Barrantes pensó que se trataba del Obispo de Badajoz Rodrigo Dosma, pero éste murió 21 años antes que Pedro de Valencia. Salazar (“Arias Montano y Pedro de Valencia”, Revista de Estudios Extremeños, 1959) cree que el biógrafo es Hernando Machado, oidor y fiscal en Quito, o su hermano Juan Alonso. Sánchez Romeralo (“Pedro de Valencia y Juan Ramírez”, Actas del III Congreso Internacional de Hispanistas, México, 1970) ha observado que la letra de esta nota biográfica es de Juan Moreno Ramírez, cuñado de Pedro de Valencia. [2] El manuscrito de la Biblioteca Nacional habla de 5 hijos: el Dr. Melchor de Valencia, catedrático de Leyes de la Universidad de Salamanca; doña Beatriz de Valencia; Benito Arias de Valencia, graduado en Cánones y Leyes; don Juan de Valencia, gentilhombre del Duque de Feria; y Pedro de Valencia, estudiante de Cánones y Leyes. Es verdad que cinco fueron los hijos que le sobrevivieron, pero está claro que Pedro de Valencia tuvo al menos siete hijos. [3] La lista empieza con Arias Montano y sigue, entre otros, con los hermanos Machado (Hernando, Francisco y Juan Alonso), Alonso Ramírez de Prado y su hijo Lorenzo, Juan Alonso Curiel, el P. Sigüenza, el Cardenal de Toledo D. Bernardo de Sandoval y Rojas, el Duque de Feria, el Conde de Lemos, etc. [4] En http://www.webislam.com/numeros/2000/00_9/Art%C3%ADculos%2000_9/Arabi_Juan.htm:
“En 1588, cuando
fue derrumbada la antigua mezquita de los nazaríes para construir la nueva
catedral, los terraplenadores sacaron a la luz “cajas de plomo” conteniendo
reliquias y pergaminos escritos en árabe, en latín y en español. Cervantes, al
final del primer libro de Don Quijote,
hace una parodia del asunto de los “plomos”. Lo esencial de estos textos es un
intento de sincretismo islámico cristiano, hecho por moriscos preocupados por
mostrar la continuidad entre el cristianismo y el Islam, con el fin de no oponer
a los “viejos cristianos” y a los “nuevos”, es decir los no moriscos y los
moriscos, musulmanes o judíos por una inquisición que los confundía en el
desprecio. Para conseguirlo, los autores de
estos textos escribieron libros atribuidos a los más cercanos compañeros de
Santiago, a quien la tradición española le había hecho “matamoro” (matador de
moros), figura de proa de la “reconquista”, interviniendo en las batallas en un
caballo blanco al lado de los ejércitos cristianos para derrotar a los moros.
Los pergaminos de los
“plomos de Granada” están presentados como escritos por los mismos que, al lado
de Santiago y según la tradición, han evangelizado España: Cecilio, primer
obispo de Granada, Thesiphon e Indalecio. Venidos, junto con Santiago desde Oriente son, según los libros, todos árabes, Cecilio se llamaba antes de su bautizo, Ibn al-Radi, Thesiphone, Ibn Athar, descendiente del profeta árabe de los Tamud: Salih (del que no se habla más que en el Corán VII, 73-82) e Indalecio, que se llamaba Ibn al-Mogueira. Era importante para los moriscos, mostrar que el primer obispo de Córdoba, discípulo inmediato de Santiago era árabe, como los demás apóstoles de España, pero aun era más importante ver la similitud en los temas teológicos fundamentales, lo que era común al Cristianismo y al Islam, notablemente la unidad de Dios, y la veneración de Jesús y de la Virgen María, temas que aparecen muy a menudo en el Corán. Se trataba de un falso documento,
fabricado por los moriscos cuya situación era muy difícil en Granada, sobre todo
después de los levantamientos armados de las Alpujarras, que estallaron de 1568
a 1571. A partir del primer encuentro en 1588, comenzó una controversia apasionada sobre la autenticidad de los documentos. El rey Felipe II y el Papa Sixto V fueron informados por el arzobispo de Granada con el deseo de homologar el descubrimiento.Una asamblea fue convocada para decidir sobre ello. San Juan de la Cruz, prior del convento de Granada fue designado como uno de los miembros expertos de esta comisión.” [6] El testamento del humanista no ha sido encontrado, pero algunas de sus cláusulas están en el documento solicitado por su esposa (que vivió hasta 1644) sobre la curaduría de sus hijos, publicado por López Navio, J., “Nuevos datos sobre Pedro de Valencia y su familia”, Revista de Estudios Extremeños, 1972.
[Preliminar][Arias Montano][El Brocense][P. de Valencia][Gonzalo Correas][Diego Lopez][Otros][Descarga PDF][Sugerencias]
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