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            Como su maestro Montano, Pedro de Valencia fue un hombre de saberes enciclopédicos. No sólo conocía los escritores grecolatinos importantes, sino todos, desde los más arcaicos a los más tardíos. Esta inmensa erudición era razón suficiente para que, primero su casa en Zafra, y luego, con mucha mayor intensidad, su domicilio madrileño de la calle de Leganitos, se convirtieran en lugar de peregrinaje, personal o epistolar, para solicitar un dictamen de experto, una opinión autorizada, un consejo razonado y certero sobre algún problema arduo de tipo legal, filológico, filosófico, literario, bíblico, social, político o económico.

            Sus escritos, dada su vasta erudición, abarcan una amplio campo de temas y contenidos, pero han corrido una suerte muy desdichada: sus obras (excepto sus Academica) no fueron publicadas ni en vida del autor ni en los siglos posteriores. Ha habido que esperar hasta el siglo XX para que algunos de sus escritos vean la luz[1]. Uno de los motivos principales de esta falta de publicación de sus obras puede estar en la innata modestia de Pedro de Valencia: estaba convencido de que sus escritos carecían de valor, tal vez abrumado por su admiración hacia Arias Montano[2].

            Vamos a reseñar a continuación lo más sobresaliente de su producción, casi toda ella en castellano, distribuyéndola en cuatro apartados.

1.      Escritos bíblicos y religiosos.

-         Exposición del primer capítulo del Génesis.

-         Comentarios al versículo de San Lucas I, 66.

-         Comentario sobre el Padre Nuestro.

-         De los autores de los Libros Sagrados y del tiempo en que se escribieron.

-         De la tristeza según Dios y según el mundo.

-         Ejemplos de Príncipes, Prelados y otros varones ilustres que dejaron oficios y dignidades y se retiraron.

-         Para declaración de una gran parte de la historia apostólica en los Actos y en la Epístola ad Galatas.

-         Explicación de dos lugares de San Pablo.

-         Sobre la paráfrasis caldaica del P. Andrés de León.

En estos escritos Valencia sigue las huellas de Montano: método rigurosamente filológico (basado en el estudio de los textos originales griego y hebreo), sentido crítico exigente, abrumadores conocimientos bíblicos, gran erudición en autores griegos y latinos.

 

2.      Escritos filosóficos.

En este apartado figura su obra más famosa[3], y la única publicada en vida del autor, Academica sive de iudicio erga verum ex ipsis primis fontibus (Amberes, 1596). La obra surge como respuesta al requerimiento de su amigo García de Figueroa, zafrense ocupado como ayuda de cámara de Felipe III, quien le había solicitado un estudio claro y sencillo que le ayude a entender las Cuestiones académicas de Cicerón, obra mutilada y oscura, llena de problemas interpretativos. Pero Valencia fue mucho más allá.

Es una muy buena síntesis del pensamiento filosófico acerca del criterio de la verdad desde Sócrates a Cicerón. Tras unas consideraciones sobre el origen y las partes de la filosofía, divide a los filósofos en dogmáticos y escépticos, y pasa revista a la historia y evolución de la doctrina académica.

Las Academica es un texto de historia de la filosofía en el sentido moderno del término. En el siglo XVI pocos textos son comparables al de Valencia en rigurosidad, en el manejo de fuentes y en el reflejo fiel de las opiniones de los autores estudiados.

 

3.      Escritos de crítica literaria.

En este apartado sobresale su famosísima Carta a D. Luis de Góngora en censura de sus poesías[4] (sobre el Polifemo y las  Soledades). Existen de esta carta dos versiones con variantes (manuscritos 3.906 y 5.585 de la Biblioteca Nacional). Góngora acudió a Pedro de Valencia por el alto aprecio en que tenía sus juicios[5], y éste le contestó con la carta en cuestión. Dada la formación eminentemente clásica del humanista zafrense, deberían disonarle al parecer las piruetas verbales y la retorcida afectación de los citados poemas de Góngora. Pero Dámaso Alonso[6] ha puesto de manifiesto la comprensión de Valencia, hombre abierto y moderno, respecto a las innovaciones gongorinas; de hecho, en la carta hay grandes elogios de Góngora y su poesía, mas no deja de ponerle algunos reparos, dirigidos a la oscuridad y afectación de algunas expresiones.

 

4.      Escritos sociales y económicos.

Quizá sea este el apartado más interesante para el hombre de hoy. Estos escritos suelen llevar el rótulo de Discursos, esto es, ensayos o tratados. Algunos de los más importantes son:

-   Tratado acerca de los moriscos de España. En cuanto al problema de los moriscos, Valencia está muy lejos de la propuestas brutales de ciertos personajes, incluso eclesiásticos: pasarlos a cuchillo o castrarlos y llevarlos a Terranova para murieran allí de frío y de hambre. Tampoco es partidario de la expulsión. Propone la dispersión por España, evitando concentraciones; que se les deje enriquecerse, pues “las riquezas hacen a los hombres cobardes” por el miedo a perderlas; que se permitan los matrimonios mixtos, y se intente integrarlos y asimilarlos. Desgraciadamente no se hizo caso a las propuestas de Valencia[7].

-   Discurso acerca de los cuentos de las brujas y cosas tocantes a magia. Lo dirigió a D. Bernardo de Sandoval, arzobispo de Toledo e Inquisidor General, después de leer “con horror y asco” el auto de fe de Logroño de 1610[8]. Afirma que los aquelarres y las brujerías pueden explicarse de varias maneras, pero todas ellas naturales. Se vale también de su erudición clásica, y habla en sus explicaciones de los misterios de Eleusis y las Bacanales, cita una larga lista de autores griegos y latinos y traduce unos pocos versos de las Bacantes de Eurípides. Critica los métodos de la Inquisición, que carecen a menudo de garantías jurídicas, y rechaza como nulas las declaraciones arrancadas bajo presión o tortura.

-   Discurso sobre el pergamino y láminas de Granada. La polémica sobre el pergamino de la torre Turpiana, y, luego, sobre los plomos del Sacromonte[9] duró muchos años. Se trataba de textos de contenido religioso, supuestamente antiquísimos. Eran una clara falsificación moderna, pero el arzobispo de Granada, Pedro de Castro, alentó a los partidarios de la autenticidad, que hacían demagogia sobre el pueblo llano, y el problema se recrudeció, teniendo que intervenir la propia Roma. Ya Arias Montano, uno de los primeros consultados, denunció abiertamente la falsificación del pergamino, y lo mismo hizo dos años más tarde con las láminas de plomo. La conclusión de Pedro de Valencia es clara: “Tengo para mí que es todo ello impostura y engaño muy reciente, compuesto por hombres que por ventura viven hoy, y por hombres indoctos en la historia y doctrina eclesiástica y en las letras humanas y lenguas antiguas..., que si hubieran tenido aparato de erudición, muy más verosímil podrían haber hecho el engaño”.

-   Discurso contra la ociosidad. Divide la sociedad en tres estamentos: los gobernantes civiles y eclesiásticos, los soldados y el pueblo llano (labradores y artesanos). Pasa revista a cada estamento y arremete contra el crecido número de clérigos y frailes, contra los estudiantes superiores que no estudian, contra los rentistas ociosos; todos ellos constituyen un claro parasitismo social. Aboga por el trabajo femenino.

-   Discurso sobre el acrecentamiento de la labor de la tierra. Expone la necesidad de una profunda reforma agraria para corregir las desigualdades económicas.

-   Discurso sobre el precio del trigo y Respuesta a algunas réplicas a este discurso. Se trata de los dos escritos más violentamente críticos del autor. Llega a llamar a los ricos explotadores antropófagos y homicidas. Su tesis es que no debe dejarse el precio del trigo a la ley salvaje de la oferta y la demanda, pues con precios prohibitivos los ricos explotarían a los pobres en una alimento tan esencial como el pan. Hace falta un claro intervensionismo del Estado a favor de “la gente ordinaria y popular, que es la mayor parte de la República”.


[1] Véase el trabajo que está haciendo la Universidad de León: http://www3.unileon.es/dp/dec/hvalen.htm

[2] El propio Pedro de Valencia, en carta al P. Sigüenza, dice: “... y a mí me ocupa mucho con el copiar de manera que nome dexa tiempo para otras cosas en que parar. Yo me podría ocupar con utilidad de otras, y el copiar quienquiera. Pero él lo ordena así, y está bien”.

[3] Ver http://www.filosofia.org/aut/mmb/hfe1408.htm , unas líneas sobre la obra de Valencia.

[4] Smith, C.C., “Pedro de Valencia’s letter to Góngora (1613)”, Bulletin of Hispanic Studies, XXXIX (1962), pp. 90-91.

[5] Menéndez Pelayo dijo que acudió en “fingida demanda de consejo”. Pero de hecho, los cuatro pasajes concretos que Valencia le critica fueron cambiados por Góngora en una segunda edición.

[6]Alonso, D., “Góngora y la censura de Pedro de Valencia”, Revista de Filología Española, XIV, 1927.

[7] Sobre el tema de la expulsión de los moriscos y la postura de Pedro de Valencia puede verse en la red http://fuentes.csh.udg.mx/CUCSH/Sincronia/francois.htm

[9] Cf. nota 4 en la biografía de Valencia.

 

 

 


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