ZEUS Y ALCMENA
El entusiasmo de Zeus por Alcmena es tan grande que, habiendo llegado
junto a ella al empezar la noche, triplica la duración de esa noche que pasa
con ella, haciendo que el sol salga con veinticuatro horas de retraso. Así nos
cuenta Plauto en su comedia Amphitruo
la llegada a casa del auténtico Anfitrión.
II,
ii.
ANFITRIÓN:
(a
Alcmena) ¿Afirmas
que ayer vinimos aquí?
ALCMENA:
Sí, y que
nos saludamos y yo te besé.
ANFITRIÓN:
Esto del beso
no me hace ninguna gracia. Sigue.
ALCMENA:
Te bañaste.
ANFITRIÓN:
¿Y después?
ALCMENA:
Te pusiste a
la mesa.
SOSIA:
Ajajá, muy
bien; sigue preguntando.
ANFITRIÓN:
No la
interrumpas; deja que siga contando.
ALCMENA:
Trajeron la cena; comimos juntos; yo me eché a tu lado.
ANFITRIÓN:
¿En el mismo lecho?
ALCMENA:
¡Claro!
SOSIA:
¡Ay! No me
gusta el convite.
ANFITRIÓN:
Déjala que
continúe su relación. Después de cenar, ¿qué?
ALCMENA:
Tú decías
que tenías sueño. Quitaron la mesa y nos fuimos a acostar.
ANFITRIÓN:
¿Dónde te
fuiste a acostar?
ALCMENA:
Pues en tu
cama, en nuestra alcoba, juntos.
ANFITRIÓN:
¡Desdichado
de mí!
SOSIA:
¿Por qué lo
dices?
ANFITRIÓN:
Esta mujer me
acaba de matar.
ALCMENA:
¿Qué te
pasa? Dímelo.
ANFITRIÓN:
No me hables.
SOSIA:
¿Pues qué
te ocurre?
ANFITRIÓN:
Una inmensa
desgracia: que en mi ausencia han seducido a mi mujer.
ALCMENA:
Válgame el
cielo, ¿cómo puedes decir eso, marido mío?
ANFITRIÓN:
¿Yo tu
marido? No me llames con ese nombre mentiroso.
SOSIA:
(Aparte)
En esto habrá
venido a parar todo, que de marido se habrá convertido en mujer.
ALCMENA:
¿Qué te he
hecho yo para que me hables así?
ANFITRIÓN:
Tú misma
publicas tus acciones, y me preguntas en qué has faltado.
ALCMENA:
¿En qué he
faltado por estar contigo, que eres mi marido?
ANFITRIÓN:
¿Tú
conmigo? ¡Qué falta de vergüenza! Procura al menos fingirla.
ALCMENA:
Este pecado
de que me acusas no es posible en mi linaje. Ni tú mismo te lo puedes creer.
ANFITRIÓN:
Dime, Sosia,
por todos los dioses del cielo, ¿tú me conoces?
SOSIA:
Creo que sí.
ANFITRIÓN:
¿No he
estado yo cenando anoche en el barco, en el puerto Pérsico?
ALCMENA:
Yo también
tengo testigos que confirmen mis palabras.
ANFITRIÓN:
¿Testigos?
¿Cuáles?
ALCMENA:
Unos
testigos.