USO DEL INTERROGATIVO QUIS
Carlos Cabanillas
Introducción.
A nuestro entender, dadas las características especiales de interacción hablante-oyente, la oración interrogativa sólo admite un análisis riguroso desde un punto de vista pragmático. Los análisis de tipo puramente sintáctico o semántico resultan incompletos. Las carencias de estos análisis vienen dadas por su imposibilidad de dar cuenta de factores como la intención del hablante, el contexto de producción de la frase, la situación de los hablantes en ese contexto, etc., factores todos ellos que pertenecen al ámbito de la pragmática, y es, por tanto, desde ese ámbito desde el que hay que analizar la frase interrogativa.
La frase interrogativa, que desde los puntos de vista sintáctico y semántico se considera como una frase ‘abierta’, debe cerrarse desde el punto de vista pragmático. De este modo, el análisis no puede detenerse exclusivamente en el enunciado interrogativo, sino que hay que analizar también el contexto, el mundo en que se produce y, por supuesto, la respuesta que recibe o puede y debe recibir. No se puede hablar por tanto de ‘frase interrogativa’, sino que se debe hablar de ‘proceso interrrogativo’, un proceso en el que entrarían todos los factores que hemos ido presentando: pregunta, respuesta y el mundo en que ambas se dan.
En el proceso interrogativo se distinguen dos fases. Una primera fase en la que el hablante expresa a un interlocutor su descolocación con respecto a un mundo o a un discurso, descolocación que habrá de llevar ciertas marcas (de las cuales es obligatoria la entonación ascendente, marca genérica de no adhesión del hablante a la proposición); el rasgo fundamental de esta primera fase es la actuación del hablante sobre el oyente en busca de información ([+actuación]); la segunda fase ha de ser la resolución de la descolocación del hablante por parte del interlocutor ([+resolución]); en esta fase, por tanto, hablante y oyente intercambian sus funciones, muestra del dinamismo que caracteriza a todo proceso comunicativo y especialmente al proceso interrogativo.
Esta sería la reconstrucción ideal de un proceso interrogativo real y efectivo: un hablante y un oyente, que a través del proceso intercambian sus papeles, resuelven la descolocación de uno de ellos acerca de un mundo y/o de un discurso que, evidentemente, en un principio han de estar relacionados (pues en caso contrario sería imposible la comunicación), pero que al final del proceso han de estar totalmente identificados. Es imprescindible en el momento de iniciarse el proceso interrogativo que el mundo y el discurso de los interlocutores tengan los puntos de confluencia necesarios para permitir tal proceso; de no ser así, tendrán que retroceder en su mundo y/o discurso hasta encontrar dichos puntos. Veamos un ejemplo:
quo ambulas tu qui Volcanum in cornu conclusum geris? | :: quid id exquiris tu qui pugnis os exossas hominibus? | :: servo’sne an liber? utquomque animo conlibitum est meo. (Amph. 341-343).
Las interrogaciones quo ambulas? y quid exquiris?, que representan una primera frase de proceso interrogativo completa, sin embargo no son capaces de originar una segunda fase esperada: la segunda fase del primer proceso iniciado con quo ambulas? ha pasado a ser primera fase de un segundo proceso quid exquiris?, con el consiguiente rasgo [+actuación]. Esto se debe a que el mundo y discurso de los interlocutores no tienen entre sí una relación tal que permita esas dos primeras interrogaciones específicas. Mercurio y Sosia se acaban de encontrar a la puerta de la casa de Anfitrión; evidentemente Mercurio sabe quién es Sosia y a dónde se dirige, pero Sosia no se encuentra en la misma situación, no sabe quién es Mercurio ni qué hace a la puerta de su casa. En cambio, la interrogación genérica servo’sne...? sí resulta en cierta medida satisfactoria, y sirve para aproximar los mundos y discursos respectivos.
Una definición completa del proceso interrogativo puede ser la siguiente: el proceso interrogativo es un proceso lingüístico fruto de la descolocación de un hablante con respecto al mundo y/o al discurso, descolocación que le lleva a actuar sobre un interlocutor que debe resolver tal descolocación.
Lo que aquí va a decirse acerca del uso de estos tres interrogativos concierne sólo a su uso como interrogativos de género animado.
En Miles 359-362 encontramos la siguiente interrogativa:
credo ego istoc exemplo tibi esse
pereundum extra portam, | dispessis manibus, patibulum quom habebis. :: quamnam
ob rem? | :: respicedum ad laevam: quis illaec est mulier? :: pro di
inmortales, eri concubinast haec quidem!
No hay aquí, aparentemente, desconocimiento ni búsqueda del quis por parte del hablante, pues Parmenón sabe que es Filocomasia quien se acerca. Sin embargo, es claro que hay una actuación sobre el oyente en busca de información y una resolución por parte de éste, con lo que tendríamos un proceso interrogativo completo. Lo llamativo de esta interrogación es que lo que desconoce el hablante no es el quis, sino la idea que acerca de tal quis tiene su interlocutor; el hablante supone que el conocimiento del interlocutor acerca del quis coincide con el suyo y pretende cerciorarse de tal suposición. Lo mismo se puede decir del siguiente ejemplo:
quis ego sum igitur, si hunc ignoras? :: mihi odiosus, quisquis es, | et tu et hic. (Miles 427-428).
En ambos ejemplos el objeto real hacia el que apunta quis está totalmente identificado para el hablante. En un caso, el primer ejemplo, el referente de quis es de género femenino, en otro, de género masculino; sin embargo, el interrogativo utilizado en uno y otro caso es el mismo.
Encontramos en este quis un interrogativo general animado del tipo quis hic loquitur? (donde el referente no está identifiado para el hablante), sin diferenciación formal masculino/femenino. Sin embargo, a diferencia del tipo quis hic loquitur?, el referente del interrogativo está ya identificado como masculino o femenino, bien a través del contexto real (en el caso de los ejemplos anteriores), bien a través del contexto textual, como en el siguiente ejemplo:
nuptanst an vidua? :: et nupta et vidua. :: quo pacto potis | nupta et vidua esse eadem? :: quia adulescens nuptast cum sene. | :: eugae! :: lepida et liberali formast. :: cave mendacium. | :: ad tuam formam illa nuna dignast. :: hercle pluchram praedicas. | sed quis east? :: senis huius uxor Periplectomini e proxumo. (Miles 964-969).
No se trata pues de la neutralización de la oposición masculino/femenino como en quis hic loquitur?, sino que este quis tiene género, o es masculino o es femenino (término marcado o no marcado de la oposición), pero este género sólo viene marcado por el contexto, real o textual, y sólo le conviene una respuesta del género del interrogativo, cosa que no ocurre en quis hic loquitur?, donde, en tanto que el referente no está identificado para el hablante, el uso de la forma quis se debe a la neutralización de la oposición genérica masculino/femenino, y la respuesta a tal interrogación admite cualquiera de los dos géneros.
Todo apunta, en definitiva, a que el pronombre quis fue en principio un interrogativo general animado y que de este valor derivan sus usos como:
1.- Interrogativo con oposición de géneros neutralizada:
Dic, quis emit? :: Nescio hercle. (Merc. 620).
2.- Interrogativo masculino:
Quis is est tam potens cum tanto munere hoc? :: Miles Traso, | Phaedriae rivalis. (Eun. 353-354).
3.- Interrogativo femenino:
hercle pluchram praedicas. | sed quis east? (Miles 968-969).
Lógicamente, el punto de partida del interrogativo quis debió ser su valor indiferente al género dentro de los animados (masculino-femenino); la diferenciación entre animado masculino y animado femenino se le iría poco a poco imponiendo al apuntar hacia realidades genéricamente definidas textual o contextualmente. A partir de este momento entraría en la lucha por la creación de formas diferentes para valores diferentes, en el camino hacia la especialización genérica; al contar el latín con la forma quae, esta especialización pudo llevarse a efecto sin problemas, reservando quis para el masculino y quae para el femenino. Esta evolución aún no ha llegado a su fin en los textos de Plauto y Terencio, donde podemos encontrar todavía ejemplos de quis como animado femenino, si bien estos ejemplos quedan restringidos a interrogaciones con el verbo sum, es decir, a interrogaciones meramente identificativas en las que el objeto real ya ha sido apuntado textual o contextualmente.
La diferenciación genérica quis/quae en los animados es posterior respecto de otros pronombres demostrativos y fóricos, y es por ello por lo que encontramos en Plauto y Terencio ejemplos de quis en el mismo plano que otros pronombres con diferenciación genérica plena (ejemplos del tipo sed quis east?). La distinción genérica en el resto de pronombres es clara, y se extiende por igual a animados e inanimados, en tanto que en el interrogativo la diferenciación es neta entre los inanimados (donde la concordancia con un sustantivo parece imponer su ley), pero no completa entre los animados (donde, en la mayoría de los casos, no encontramos sustantivos que exijan la concordancia).
La causa de esta separación entre el interrogativo y el resto de pronombres en cuanto a la consecución de la diferenciación genérica formal masculino/femenino, debe estar en que los demás pronombres apuntan a seres conocidos textual o contextualmente, mientras que el interrogativo apunta, en principio, a seres no identificados. En tanto que se refiera a seres no identificados textual o contextualmente, la interrogación ha de hacerse mediante quis (tipo quis hic loquitur?, quis te misit?); en tanto que se refiera a seres ya apuntados textual o contextualmente, es decir, a seres presentes, la interrogación presenta la doble posibilidad quis/quae (tipo quis east? / quae illast altera?).
Por otro lado, resulta también interesante el famoso ejemplo siguiente:
El qui en esta interrogación parece estar al mismo nivel que quae, en tanto que interroga acerca de seres ya apuntados. En otros ejemplos qui parece situarse al lado de quis al interrogar acerca de seres no identificados ni textual ni contextualmente:
Heus, Staphyla, prodi atque ostium aperi. :: qui vocat? | :: Strobilus. (Aul. 350-351).
perlubet hunc hominem conloqui. Ergasile. :: Ergasilum qui vocat? | :: respice. (Capt. 833-834).
Sin embargo, este qui presenta en su uso algunas restricciones:
- El verbo de la interrogación es siempre un presente.
- El referente hacia el que apunta el qui tiene que estar, textualmente o contextualmente, delante del hablante.
Ambas restricciones redundan en un mismo concepto, la presencia del referente. En consecuencia, el uso de qui resulta mucho más reducido que el de quis. En una oposición quis/qui, el primero sería el término neutro, y el segundo el término marcado; el rasgo en función del que se realizaría la oposición sería [+presencia], de manera que qui sólo se puede utilizar cuando su referente esté para el hablante hic et nunc, textual o contextualmente, en tanto que quis puede funcionar con este valor (en virtud de término neutro) o con su valor de interrogativo independiente del hic et nunc.
En definitiva, el juego de oposiciones quis/qui/quae podría concluirse de la siguiente manera:

De esta forma quis queda fuera de la oposición genérica masculino/femenino, y resulta un interrogativo general animado, forma imprescindible para un pronombre de este tipo que, como hemos dicho, tiene que tener la facultad de poder apuntar hacia seres no identificados textual o contextualmente. El rasgo [+presencia] que distingue a qui-quae frente a quis es determinante para la especialización de los primeros como adjetivos interrogativos, es decir, como interrogativos con concordancia de género, concordancia sólo posible si su referente está ya identificado textual o contextualmente. La indiferencia de quis ante la oposición masculino/femenino le debió impedir en un principio su uso como adjetivo interrogativo, que resulta en Plauto y Terencio mucho más reducido que su uso como pronombre interrogativo.