TRATAMIENTOS DEL MITO DE LAS EDADES

 

Texto 1: La Égloga IV de Virgilio y el mito de las edades.

  Ya llega la última edad anunciada en los versos de la Sibila de Cumas; ya empieza de nuevo una serie de grandes siglos. Ya vuelven la virgen Astrea y los tiempos en que reinó Saturno; ya una nueva raza desciende del alto cielo. Tú, ¡oh casta Lucina!, favorece al recién nacido infante, con el cual concluirá, lo primero, la edad de hierro, y empezará la edad de oro en todo el mundo. (...) Para ti, ¡oh niño!, producirá en primicias la tierra inculta hiedras trepadoras, nardos y colocasias, mezcladas con el risueño acanto. Por sí solas volverán las cabras al redil. (...) Mas luego, llegado que seas a la edad viril, el nauta mismo abandonará la mar y cesarán en su tráfico las naves; todo terreno producirá todas las cosas.

   

Texto 2: El mito de las edades en las Geórgicas I de Virgilio.

  Antes del reinado de Júpiter no había labradores que arasen los campos, ni era lícito acotarlos o partir límites en ellos; todos los aprovechaban para su sustento, y la tierra misma daba de grado, más liberalmente que ahora, todos los frutos. (...) Entonces, en fin, nacieron los varios oficios: todo se venció a la fuerza de un ímprobo trabajo y de la necesidad, que nos obliga a las cosas más duras.

 

  

Texto 3: El mito de las edades en Metamorfosis I de Ovidio.

 

La primera en brotar fue la edad de oro, la cual, sin ley ni rey, espontáneamente, practicaba la buena fe y la justicia. (...) Por su parte, la tierra, inmune, sin que la azada la tocase ni la hiriese arado alguno, todo lo daba de por sí, y, contentos los hombres con los manjares que sin obligarla nadie criaba ella, cogían los frutos del madroño y fresas de los montes y endrinas, y las moras que se apretaban en los ásperos zarzales y las bellotas que habían caído de las extendidas ramas del árbol de Júpiter. La primavera era eterna y los plácidos céfiros acariciaban con sus tibios soplos las flores nacidas sin semilla.

Luego que, echado Saturno al tenebroso Tártaro, estuvo el mundo sometido a Júpiter, vino la edad de plata, peor que la de oro, pero de más valía que la del rojizo bronce. Júpiter acortó la duración de la antigua primavera, y, con los inviernos, los  veranos, los desiguales otoños y una primavera breve, hizo el año de cuatro estaciones. (...) Las semillas de Ceres fueron entonces por vez primera soterradas en largos surcos y, oprimidos por el yugo, gimieron los novillos. Después de aquélla surgió, en tercer lugar, la edad del bronce, más cruel en ingenios y más pronta a los horribles combates, aunque no criminal. La última es la que está  hecha de duro hierro (...): huyeron el pudor, la verdad, la buena fe, y en su lugar se introdujeron los fraudes, los  engaños, las insidias, la violencia y la criminal ansia de poseer.

 

 

Texto 4: El mito de la Edad de Oro en Cervantes, Quijote I, 11.

  Después que don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de bellotas en la mano, y, mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes razones:

 - Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados (...). Eran en aquella época todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. (...) Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían.(...) No había la fraude, el engaño ni la malicia mezcládose con la verdad y la llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen.

 

 Texto 5: El mito del diluvio en Génesis 6-8.

 

Viendo, pues, Dios que todo en la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra, dijo Dios a Noé: «El fin de toda carne ha llegado a mi presencia, pues está llena la tierra de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas, divídela en compartimentos, y la calafateas con pez por dentro y por fuera (...). Voy a arrojar sobre la tierra un diluvio de aguas que exterminará toda carne que bajo el cielo tiene hálito de vida». (...) Diluvió durante cuarenta días sobre la tierra, crecieron las aguas y levantaron el arca, que se alzó sobre la tierra, y el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. (...) El día veintisiete del séptimo mes se asentó el arca sobre los montes de Ararat.